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La “indefensión aprendida” fue descubierta por Seligman y  sus colaboradores y significa que cuando una persona o animal se enfrenta a una situación negativa de la cual no puede escapar ”aprende” a sentirse indefensa, incluso cuando las condiciones cambian y ya se puede ejecutar una respuesta de huida.

Aquellas personas con este patrón de respuesta, tienen una percepción de impotencia de no ser capaces, en resumen, que “haga lo que haga dará igual” …

Diremos que la experimentación de este fenómeno estará caracterizada por la evitación o no- enfrentamiento a situaciones que produzcan malestar, así como pasividad ante ellas.

Hay factores que pueden ayudarnos a entender este patrón o estilo de reacción, relacionados con el cómo nos atribuimos la responsabilidad ante los éxitos o fracasos, es decir si ante un éxito o fracaso, nos consideramos agentes del mismo, es decir responsables de dicha consecución, nuestro estilo de respuesta de afrontamiento será activo ,generando distintas alternativas de solución, intentando conseguir un cambio, lo que denominaríamos “locus de control interno”, pero si lo que nos ocurriese, lo explicásemos desde la atribución externa, es decir que el fracaso o éxito es fruto del azar, de la suerte, estaríamos ante un estilo de personalidad, “pasivo” con una percepción de nosotros mismos poco eficaces o no eficaces para generar cambios o salir de aquello que nos está produciendo desasosiego o malestar., lo que llamaríamos “locus de control externo “ en el que el patrón de la “indefensión aprendida” lo más probable, se ha instalado.

En definitiva, no nos veríamos como sujetos capaces de enfrentarnos a las dificultades, ni activos en los cambios para generar soluciones y salir de aquellas situaciones que nos están generando conflicto en nuestras vidas.

Los síntomas de la “indefensión aprendida”, son apatía, ansiedad, miedos, tristeza, frustración, sensación de fracaso y/o desmotivación sentirse indefensos ante las circunstancias, con lo que se produce un bucle sustentado por percepciones subjetivas de “incapacidad” y pensamientos como “para que, nada cambiará”, “da igual”, “no valgo”, “no puedo salir de…”.

En consecuencia, la autoimagen de uno mismo sería bastante negativa, por tanto, la autoestima también estaría afectada.

Podríamos citar muchos ejemplos sobre personas que mantienen este estilo de conducta, desde el caso de niños que por más que se esfuerzan en sus tareas escolares, no consigue resultados acordes a su trabajo y acaba en fracaso escolar o se les da mal una asignatura y haciendo lo que puede, escucha reiteradamente en su casa o escuela que” no vale”, “que no será capaz”, “que es “torpe” y en consecuencia acaban creyéndoselo pasando a conductas de apatía, falta de interés o no enfrentamiento a dicha asignatura o tareas. Ya que su percepción sería,” para que esforzarme si soy tonto”., este patrón de conducta también se observa frecuentemente en niños que sufrieron maltrato.

En el caso de los adultos también hay múltiples ejemplos, en personas que han sufrido “violencia de género”, en personas que han buscado empleo repetidamente y no lo han conseguido, en casos de Bullyng, etc.

En cualquier caso, diremos que el aprendizaje de sus sensaciones y percepciones negativas experimentadas por todos ellos en situaciones de su vida, en las que no pudieron salir o escapar de ellas por diferentes motivos, construirían a posteriori el patrón pasivo de enfrentamiento llamado “indefensión aprendida”.

Finalmente, si debemos destacar, como hemos ido explicando que tal fenómeno proviene de un “aprendizaje”, y por tanto dicha “indefensión” se puede “desaprender” con la ayuda de un experto/a en la conducta generando patrones de respuesta activos ante las situaciones ayudando a salir de esa “inmovilidad” y en consecuencia cambiar la percepción ante las circunstancias adversas de “se haga lo que se haga no vale para nada”.